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El Villar. De los orígenes medievales a la actualidad

La toponimia de la palabra “Villar” proviene del latín. Se denominaba “villas” a las casas romanas del mundo rural.  Probablemente en este enclave en épocas anteriores a la Edad Media, como la romana, ya había habido algún tipo de poblamiento, pero no queda ningún resto conocido.

La casa está situada en  una hondonada, junto a la ermita, y en un lugar frondoso y rico en agua. No es fácil saber sobre su origen. Si hiciéramos caso a los “Goigs” de 1947 podríamos situarlo en el año 802. Pero no sabemos las bases de esta afirmación. En cambio, disponemos de fondos documentales con una primera referencia escrita del año 1007, en la etapa de repoblación del Vallés en la Edad Media.  

Esta casa pertenecía a los Villar o Desvillar. El año 1617  Pedro de Montagut y de Vallgornera, viudo, se casó con Margarita Villar y desde entonces el apellido familiar fue el de Montagut. La última Montagut fue Gertrudis de Montagut i Umbert. Continuó la saga su hija mayor, Lourdes Nualart de Montagut en 1969, y desde 2010 sus hijos.

De la casa, sabemos que su origen se encuentra en una fortificación, desconocemos en qué consistía, pero de ella nos ha quedado  la Torre del siglo XI de unos quince metros de altura y cinco de diámetro y que consta de dos partes: a) la parte inferior con una puerta a la que se accede con una escalera a un espacio abovedado, con una serie de aberturas y un agujero al medio, de aproximadamente unos tres metros; y b) la parte superior  a la que  también hay que acceder con una escalera. La función de la Torre era de vigilancia del territorio.

La casa actual está formada por la casa principal y la “masovería”, adosada al casal. Se puede ver como se fue ampliando con el tiempo y haciendo diferentes reformas pero que se encuentran poco documentadas.  Hacia 1648 se hizo una reforma de la que destacan dos ventanales con decoración gótica y el reloj de sol situado encima, entre los dos ventanales, con una inscripción en la parte superior del reloj que dice: “Renovado en 1648 por Juan de Montagut”.

Ya en el siglo XX, en los años 70 se hicieron nuevas ampliaciones. Al lado de la masovería  se construyó un nuevo estable para vacas de leche y unas naves para engorde de terneros en unas terrazas cercanas.  En el piso de la planta primera, en la parte izquierda  se cubrió un antiguo pórtico y se construyó una estancia con dos ventanales en dirección Sur y tres en dirección Oeste.  En la planta  baja, en el espacio de las antiguas carboneras se habilitó un nuevo comedor, se renovó y modernizó la cocina y se construyeron nuevas habitaciones en la planta de encima. También en estos años se derribó el antiguo establo y se renovó la cocina y lavabos de la masovería.

Hay que destacar en un extremo del patio que se encuentra delante de la casa, el jardín. Se caracteriza por la abundancia de plantas en la que destacan unas frondosas hortensias que verdean cada verano,  un surtidor de agua y un gran tilo de cien años que proporciona mucha sombra y da personalidad a todo el patio.  A la entrada del jardín hay una puerta de hierro que en la parte superior data la reforma en 1883.

“La repoblación de las comarcas del Vallés en la época medieval”

Situémonos en la época medieval, en el contexto de la invasión islámica y el posterior nacimiento de la Catalunya Vella. A partir de la invasión islámica de Hispania en el año 711, en  pocos años, el imperio islámico acabó dominando casi toda la Península Ibérica, excepto zonas montañosas del Norte. Los musulmanes llegaron hasta el Sur de la actual Francia, sin embargo, la batalla de Poitiers (732) frenó este empuje y el imperio franco  inició un proceso de conquistar este territorio hasta llegar a las zonas de los Pirineos. Después de diferentes vicisitudes, establecieron una zona de protección que se conoció con el nombre de Marca Hispánica, dividida en condados que coincidiría más o menos con la Catalunya Vella. El río Llobregat marcaba la frontera al Este de la Marca Hispánica.

En el siglo IX se inició una actividad repobladora en la comarca de Osona. Esta repoblación fue una ocupación, primero espontánea por parte de campesinos de tierras no cultivadas y más tarde otra distinta dirigida por nobles. Se construyeron una serie de castillos: 12 en la comarca de Osona; 8 en el Ripollés; 6 a las Guilleries ; 9 al Lluçanés; 2 al Moianés; y 5 en el Pla del Bages. Estos castillos formaban una línea defensiva para evitar las razzias sarracenas.

Paralelamente se construyeron o restauraron edificios religiosos como el del obispado de Vic (hacia 886); o monasterios como los de Sant Joan de les Abadesses (887) y Ripoll (888).

Durante los siglos VIII y IX las dos comarcas del Vallés se encontraban en el interior de la Marca Hispánica, zona fronteriza que con un espacio más o menos amplio servía de delimitación entre dos unidades políticas, el imperio franco y el imperio musulmán. Seguramente, es a partir de la primera mitad del siglo X cuando se empezaron a repoblar, primero las zonas más montañosas y más tarde las zonas más llanas de ambas comarcas: Caldes de Montbui (938), Sant Feliu de Codines (946). Hemos de suponer que en este contexto surgiera El Villar, fruto de esta actividad repobladora. La Torre de la Masía del Villar, adosada a la casa, y la Ermita del Villar nos permiten reconocer los orígenes medievales de este conjunto.  

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